DESCRIPCIÓN ELEMENTAL

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* Galicia es tierra de ríos. Esta es una de sus características geográficas. Y esto es así para bien o para mal. La parte positiva son los riegos, las aceñas, los lavaderos, la pesca, las pelambreras, la energía, el baño, el frescor del estío, el adorno del paisaje, el ocio, etc. En contra siempre estuvieron (aunque esta culpa sea más de la orografía y de la hondura de los cauces que de los ríos en si) las dificultades en las comunicaciones con esas carreteras y caminos de enormes y tortuosas subidas y bajadas para, allá en el fondo, poder conectar (por puente o por barca) las laderas contiguas de los sucesivos valles y montes.

* Hace millones de años la actividad orogénica y los movimientos tectónicos, trabajaron fracturando y plegando el terreno. Después diversos tipos de erosión completaron el trabajo. El resultado fue una enorme, dispar y heterogénea fracturación del territorio con una mezcla de accidentes orográficos conformadores de innumerables valles, vaguadas, escurrideros, barrancos, hondonadas, depresiones, etc. que servirían de lecho para acoger las aguas que el clima atlántico y sus nubes generosamente les proporcionan.

* Siendo esto así en términos generales conviene constatar que la configuración fluvial no es exactamente la misma en la costa y en el interior. Las características morfológicas de la Galicia costera son ligeramente distintas de las de la Galicia interna. Mientras en aquella el borde del litoral (el pre-litoral) está formado por sierras entrelazadas y consecutivas (de no más de 600 m. de altitud), coma un parapeto desordenado, en el interior -aún siendo también terreno montañoso, pues todo es Macizo Galaico, y contando, incluso, con las cimas más altas- aparecen con frecuencia superficies de aplanamiento y distintas tierras planas enmarcadas entre sierras de diversos niveles. Esto motiva que existan dos modelos de redes fluviales: las costeras, de ríos de corto recorrido y cuencas más bien estrechas (como una competencia de minifundios hidro-orográficos), y las de tierra adentro, de ríos más largos y tranquilos que reciben y concentran múltiples aportaciones de aguas que bajan de las sierras colindantes.
En consecuencia las cuencas de los ríos gallegos se pueden clasificar, para su estudio, en dos grandes grupos: las cuencas costeras y las cuencas del interior.

1.- Las cuencas costeras. Podemos, a su vez, dividirlas entre cantábricas (o septentrionales) y atlánticas (u occidentales). (Aunque el Cantábrico sea parte del Atlántico suele establecerse de forma convencional que el cabo Ortegal marca la divisoria.)


El Xallas, río costiro, vierte en el mar a través de una catarata.
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Entre las primeras (cantábricas) tenemos, de este a oeste, entre otras, la del Eo (compartida con Asturias), la del Masma, la del Ouro, la del Landro, la del Sor, la del Baleo y la del Mera.
De las atlánticas podemos mencionar (de norte a sur) las de los ríos Grande de Xubia, Belelle, Eume, Baxoi, Lambre, Mandeo, Mendo, Mero, Anllóns, Grande, Castro, Xallas, Tambre, Ulla, Umia, Lérez, Verdugo-Oitavén y Miñor, entre otros.
Todos los mencionados (así como sus tributarios) son ríos muy cortos, pero hay 4 de ellos que son excepción en esta peculiariedad y que, si quisiésemos ser más precisos, habría que incluirlos en una categoría intermedia pues comparten carecterísticas de los dos grandes grupos. Hablamos del Eo (92 Km, -79 por Galicia-), el Eume (77 Km.), el Tambre (125 Km,) y el Ulla (131 Km.).
Tambien debemos destacar al Navia, río de un total de 111 Km. que nace en el Cebreiro (Lugo) y pasa a Asturias donde desemboca en el Cantábrico.

2.- Las cuencas del interior. Son principalmente tres: la gran cuenca del Miño, la del Limia y la del Támega.


Las aguas do Sil, río de interior, llegarán al mar a través del Miño.
Foto tomada desde oel mirador de Pe do Home (Nogueira de Ramuín).
(Hai clic en la imagen)

La del Miño suele estudiarse englobada con la del Sil. En conjunto esta cuenca doble Miño-Sil es, con mucho, la más importante de Galicia ya que cubre aproximadamente un 42 % del territorio (aparte de la superficie drenada por el Sil en la provincia de León).
El Sil acoge algunas sub-cuencas considerables coma son las del Bibei y Navea (por la izquierda -Ourense-) y las del Lor y Cabe (por la derecha -Lugo-).
Por su parte el Miño recoge aguas, entre otros, de los sistemas del Anllo, Tamoga, Ladra, Neira y Ferreira, en Lugo, del mencionado Sil (entre Ourense y Lugo), del Avia y Arnoia en Ourense y del Tea y Louro en Pontevedra.
Aparte de la del Miño-Sil no se pueden olvidar las cuencas del Limia y del Támega. Son dos ríos que nacen en la provincia de Ourense y que luego (uno por el Oeste y el otro por el Sur) cruzan la frontera y pasan a Portugal. El primero para desembocar directamente en el Atlántico (en Viana do Castelo) y el segundo para verter en el Duero, allí llamado Douro.

* En general todos los ríos gallegos nacen y mueren en el país. Se exceptúan, por un lado, el Sil que nace en tierras de León y, por otro, el Navia, el Limia y el Támega (junto este con alguno pequeño más) que, como casos contrarios, nacen en Galicia y después marchan para afuera.

* Cuando hablamos de cuencas (hablando con propiedad habría que especificar "cuencas hidrográficas") nos estamos refiriendo al territorio drenado por todo un sistema formado por un río "principal" (el que desemboca en el mar y que le da nombre a la cuenca) más toda una serie de ríos secundarios (afluentes y subafluentes) de distintos órdenes y grados. Su representación gráfica tendría una forma arborescente con ramas y derivaciones sucesivamente diversificadas.

* Todos eses elementos (ríos grandes, ríos pequeños, riachuelos, regatos, arroyos, riatillos, torrentes, regueros...), formados, como dijimos, a lo largo de millones de años de las eras geológicas, tienen ahora bien establecidos sus comportamientos y compromisos que vienen ejecutando con toda naturalidad, como un rito milenario. Probablemente sin alteraciones significativas desde que el hombre ocupa estas tierras. Pero modernamente, desde hace unos 70 años, ese "hombre" se propuso enmendar la situación y, aparte de otras agresiones, levantó represas de cemento (embalses energéticos, presas de abastecimiento, minicentrales) convirtiendo tramos de río en lagunas estancas. Cambiando "corrientes de agua" por "agua estancada". Con todo lo que eso implica. No es solo el cambio de paisaje y configuración de los ríos, sino toda una serie de daños colaterales: desaparición de núcleos de población y tierras fértiles; pérdida de pesca; barreras que impiden la migración de determinadas especies; acumulación de residuos líquidos y sólidos; retención de limos beneficiosos; alteración de los caudales, de la temperatura, de los hábitats faunísticos, del pH y de los elementos químicos de las aguas; colmatación de los fondos; eutrofización; proliferación y estorbo de las hierbas acuáticas; su posterior putrefacción; deterioro de la calidad del agua; riesgo (todavía sin evaluar) de actividad sísmica; etc., etc. Es cierto que estamos hablando de obras necesarias y convenientes, pero también es cierto que pudieron haberse realizado (como en otros países) con criterios de desarrollo sostenible y con respeto a la Naturaleza y a su biodiversidad. (Claro que en ese caso los cuantiosos beneficios de alguna empresa habrían sido algo más moderados.)
De vez en cuando, hay algún río que se rebela y pretende reivindicar una situación anterior. Pero, fuera de eso, nuestros ríos ahí siguen, a pesar de los obstáculos, abusos, agresiones y maltratos de los (transitorios) seres humanos. Aunque, eso sí, esperando y dependiendo cada vez más da nuestra ayuda y de nuestra protección.


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